domingo, 15 de diciembre de 2013

Pastel de Zanahorias y Naranja

Esta primavera unos amigos del país vecino, vinieron a visitarme y con ellos trajeron unos maravillosos libros de cocina francesa. Como saben que me gusta la repostería decidieron por endulzarme un poco más la vida.
La receta que hoy os propongo es de uno de ellos, 70 gateaux incontournables de grand mere , evidentemente todito escrito en esa lengua romance tan preciosa.
Hacía tiempo que buscaba una receta para elaborar un pastel de zanahorias. Mi primer fallo fue que la mayoría que encontraba eran salados y en mi mente estaba el recuerdo, del famoso pastel de zanahorias que hacia una prima mía cuando íbamos al campo. Aun recuerdo, como con mi primo nos comimos más de la mitad siendo ambos pequeños...estaba delicioso. Realmente, lo que yo buscaba era una tarta, una tarta dulce y no salada.
Así que cuando decidí empezar a hacer las recetas de este libro, rápidamente al ver que había un pastel de zanahorias, no puede resistirme...y sabéis que es lo que sucedió...que por falta de tiempo no pude hacer las fotos antes de la comida familiar y si me descuido...la tarta desaparece en un plis plas. ¿Qué tendrá el pastel de zanahorias, que es tan adictivo?


"Pastel de Zanahoria y Naranja"
- 370 gr. de zanahorias
- 1 naranja
- esencia de vainilla
- 250 gr, de harina
- 1/2 sobre de levadura química
- 2 huevos
- 200 gr. de azucar
- 15 cl. de aceite

Antes de nada, prepararemos el horno a 180º C y una vez elaborado el pastel, lo dejaremos hornear durante unos 40 o 45 min, en función del horno. Como ya sabéis el truquito es punzar con un palillo y ver que sale limpio.  Os puede suceder, que se os haga más por arriba que por abajo, entonces os recomiendo cubrir el pastel con papel de albal y seguir horneando.

Iniciaremos la elaboración del pastel, rallando las zanahorias sobre un bol. Posteriormente, añadiremos la piel de la naranja rallada y la esencia de vainilla. Las reservaremos,  mientras elaboramos el resto del pastel.
En otro bol, haremos la pasta, tamizando la harina con la levadura. Añadiremos los dos huevos, uno a uno y mezclaremos dando homogeneidad a la pasta. Posteriormente, zumo de naranja y el aceite, lo cual nos ayudará a mezclar mejor la pasta. Finalmente, ajuntaremos el azúcar y la vainilla, removiendo con las varillas eléctricas para que la pasta se haga más cremosa. Una vez, hecho esto, es el momento de ajuntar la ralladura de zanahoria que anteriormente habíamos preparado. Lo mezclamos todo con la ayuda de una espátula y lo vertimos en un molde que habremos preparado.

Cuando ya esté listo, lo meteremos en el horno y lo dejaremos allí unos 45 minutos.

Mientras tanto, aprovecharemos para crear la crema de limón de cobertura.

"Crema de limón"

1/2 paquete de crema de queso fresco
60 gr. de azúcar glass aprox.
1/2 limón

Para la elaboración de la crema de limón, hay que ser un poquito intuitivos...ya que en la receta original, utilizaban crème fraiche, pero me encontré con un problema, costaba mucho de que montase y necesitaba demasiada azúcar. Así, que opté por utilizar la crema de queso fresco o philadelfia. En mi caso usé un poquito más de la mitad del paquete y fui añadiendo el azúcar glass poco a poco y mezclando con las varillas hasta que la crema tuvo una consistencia. Después añadí el zumo del medio limón y se mi licuó un poquito. En ese caso, añadí un poco más de azúcar hasta conseguir la consistencia deseada.

Finalmente, cuando el pastel esté hecho, lo sacamos del horno y lo dejamos reposar un poco. Cuando esté frio, lo desmoldamos y lo cubrimos con la crema de limón y ya lo tenemos listo para saborear.



Como veis, esta vez utilicé un molde circular. He de deciros, que queda muchísimo mejor presentada y más alta en un molde rectangular, de esos que se utilizan para hacer plum cakes. No obstante, esto va a gustos y bueno, se me ocurre que viniendo las fiestas navideñas, puede ser una dulce alternativa para el paladar, y porqué no utilizar unos de esos moldes tan monos en forma de reno o árbol de navidad. Incluso, se podría hacer la variante en cup cakes, es decir, verter la masa en los moldes de magdalena, y decorarlas con la crema de limón.

Realmente, es un bizcocho muy sabroso. Tanto, que si me descuido, no llego a poder ni hacer las fotos...vamos, que el pastel duró un visto y no visto. ;)


Un par de consejitos para acabar, sobre como mejorar el gusto del pastel. Como sabéis las zanahorias son un poco acuosas, lo cual puede hacer que el pastel quede más compacto. Un truquito, es añadir un poquito de almendras en polvo a la pasta y así, ellas absorben el agua restante.
Igualmente, si queremos darle un toque al caramelo, muy francés por cierto al bizcocho, ponemos las zanahorias rayadas en una paella y las mezclamos con un poquito de azúcar y mantequilla, hasta que se caramelicen. Más  o menos, unos cinco minutos. Con eso conseguiréis un toque aun más dulce en el pastel.

Y eso es todo...ya me explicareis si lo probáis como os ha quedado.


domingo, 10 de noviembre de 2013

Ecos lejanos de sirenas


Hace un tiempo que llevo pensando en abrir una nueva sección en el blog, en la que la palabra priorice a la imagen. A raíz de un reto semanal en el grupo de fotografía Lío de fotos, surgió una colaboración muy especial con Ali, una gran compañera y gran fotografa. Durante unos meses estuvimos retándonos haciendo caratulas de libros y creando su segunda parte. Después, del verano, la vuelta a la rutina no facilitó demasiado el poder continuar el intercambio y la propia Ali, me animó a continuase con ello...así que de esta manera nace un poco esta nueva sección.

Empezamos con una incursión en la novela de fantasía y con una historia titulada: Ecos lejanos de sirenas.





Capitulo 1.

Me encontraba buscando tesoros perdidos a orillas del mar. La tarde se estaba tornando calurosa, a pesar de que el sol ya había empezado a bajar buscando su ocaso. Había sido una de esas tardes poco fructíferas, en las cuales, después de largas horas, solo había guardado en mi mochila cuatro pequeños objetos metálicos. Normalmente, con lo que encontraba, trataba de crear mis obras y después me sacaba algún dinerillo con el cual poder llegar sin pasar hambre a final de mes.

Decidí tomarme un respiro y darme un baño, pues la calor ya empezaba a ser agobiante. Desde la gran noche, en la cual el mundo había cambiado, las horas de luz de las que disponíamos cada vez eran menores y el calor a medida que se acercaba la oscuridad, se hacia insufrible y sofocante.

Mientras chapoteaba en el agua, algo rozó mi pie izquierdo. Noté una punzada electrizante que durante una fracción milésima de segundo me paralizó por completo. Sentí como la angustia se apoderaba de mi ser e intenté erguirme en el agua, para alcanzar la orilla a pie. Al hacerlo, mi pie dolorido no soportó mi peso y me desvanecí en el agua, sumergiéndome en ella durante un par de segundos. Cuando salí a flote, nadé a brazadas largas, intentando no darme impulso con los pies y de esa manera, en cuestión de un minuto, ya estaba arrastrándome por la arena de la orilla de la playa.

Me senté y vi como la piel de mi pie izquierdo, estaba ligeramente rosada. Traté de buscar el mínimo indicio de una picadura, pero no lo encontré. No obstante, el pie me hervía y lo sentía como adormecido.

Decidí volver a casa y sumergir el pie en agua con hielo. Esa noche, algo extraño sucedió mientras dormía. Como cada noche había dejado la ventana abierta para que entrase algo de frescor al llegar el alba. Me desperté en sudores en la noche, con el pie totalmente inflamado e hirviendo como un volcán en erupción. Entonces, algo captó mi atención. Una dulce melodía llegaba a través de la ventana. Sonaba lejana, pero aún así, resonaba en mi interior y me llamaba. No entendía bien que decía, pero me hablaba, me susurraba palabras dulces de amor.

Evidentemente, gracias a la razón salí de ese estado de estupor y traté nuevamente de conciliar el sueño en la calurosa noche.


Capitulo 2.

Al día siguiente me desperté resacoso, como si hubiese pasado toda una noche en blanco bebiendo sin parar. Mi cabeza aturdida ralentizaba todos mis movimientos, con lo cual realizar mis rutinas diarias se transformó en toda una hazaña digna del más noble de los héroes.

La mañana transcurrió a medio gas, siendo incapaz de dejar volar mi creatividad para finalizar la escultura que estaba creando. Estaba como bloqueado y de repente, sentí la necesidad de salir al aire libre. Así, que cogí mi detector de tesoros y lo coloqué en el interior de la mochila. Después me calcé el mejor par de botas de que disponía y salí hacia la playa chica, la que estaba situada más al norte de la ciudad.

A medida que me acercaba a la playa, más a disgusto me sentía. Algo en mi interior no marchaba bien, tenia como nauseas y ganas de vomitar. Así, que sin dudarlo decidí retornar de nuevo a casa. Una vez allí, como por arte de magia las nauseas desaparecieron. No entendía nada, realmente estaba siendo un día muy extraño.

Hice un segundo tentativo de salir de casa, pero está vez, decidí volver a la gran playa, la que está situada más al sur de la ciudad y en la que ayer había encontrado cuatro cachivaches brillantes. A medida que más me acercaba a ella, mejor me sentía. En mi interior todo fluía, tanto que si me lo hubiese propuesto seguro que hubiese conseguido levitar.

Evidentemente después de la gran noche, muchos de nosotros habíamos despertado con nuevas capacidades, como a mi me gustaba llamarlas, y no era extraño ver hombres y mujeres levitando por el aire para ir a sus trabajos. Otros, como me sucedió a mi disponíamos del poder de la transmutación para cambiar el estado de los elementos del entorno a nuestro libre albedrío. A mi me gustaba utilizar mi nueva capacidad con fines creativos y así culminar mis obras. Otros en cambio, los utilizaban para beneficiarse con el dolor ajeno del prójimo, generando catástrofes diarias contra las que luchaba la SAT, nuestra Sociedad Anti Transmutación, que velaba por preservar la ley y el orden establecidos.

Una vez en la playa, embriagado por ese placentero sentimiento de libertad que mi sino albergaba, me lancé animado a buscar cachivaches por ella. Sabia que esa tarde la suerte estaba de mi lado y estaba seguro de que encontraría algo de mi interés.


Capitulo 3.

Realmente, la tarde fue fructífera. Encontré un vidrio pelado de los que antes se utilizaban para envasar las cervezas. Si mirabas a través de él podías ver como el atardecer se difuminaba en colores ocres, verdosos y amarillentos. También encontré una tuerca del numero 7, que seguramente había pertenecido a un eje de engranaje de una motosierra. Y mi mejor tesoro para ese día fue un tapón con tapa, del cual estaba más que seguro daría un buen uso como monóculo ocular en mi escultura.

Esos tesoros me llevaron a cuestionarme, lo que la mayoría de nosotros nos cuestionábamos cuando los encontrábamos allí, en la gran playa. Para todos ya era casi una cuestión trascendental y que casi se transformaba en un acto de fe, pues realmente era imposible, por no decir más que improbable que algún ser humano hubiese dejado allí esos objetos, ya que hacía cientos de años que habían dejado de utilizarse y que solo parte de alguno de ellos se exponía en los museos.

Eran esos misterios en los que los ilustrados pasaban el tiempo elaborando teorías, que la mayor parte de las veces era dificilísimo de corroborar. Mientras, me iba inmiscuyendo en mis divagaciones y pensamientos, creo que el sueño se apoderó de mi, llevándome a esos mundos en los que algunos de nosotros podían navegar de manera consciente, a los mundos del ensueño, donde la ficción y la realidad corrían juntas de la mano.

Mientras me encontraba descansando plácidamente sobre la arena de la gran playa, mi otro yo navegaba por el ensueño, sobrevolándome y observándome desde el cielo. Decidí activamente, descender hasta situarme justo al costado derecho, dando la espalda a mi propio cuerpo y mirando más allá del horizonte.

Fue entonces cuando la vi acercarse y su visión fue tan impactante, que rápidamente me llevó a mi cuerpo y me despertó.




Capitulo 4.

No podía ser real la visión que había tenido en el ensueño. Pero, era tan real, que si en ese momento la tuviese delante estaba seguro que la podría tocar con mis propias manos. Decidí abandonar los sueños locos y volver a casa a acabar mi obra. Estaba seguro que con el tapon de tapa, conseguiría un androide de lo mas interesante. Estaba claro, que la visita a la gran playa me había vuelto la inspiración.

Justo cuando salia de la playa, un haz de luz brillante que surgía de entre unos matorrales capto mi atención. Los matorrales estaban en la zona de aguas, aquella en la que el mar y la arena se mezclan y crean vida. Me acerqué a paso decidido y allí encontré un precioso objeto, un talismán de los antiguos en forma de camafeo. Estaba incrustado en una parte de la corteza del tronco de un arbusto y  en él podía verse dibujado el precioso rostro de una mujer, de pelo azul y larguísimooooo.

Pasé el día trabajando en mi inacabada obra, que cada vez iba tomando más forma. Estaba seguro de que esta vez conseguiría vendérsela al Sr. Marius, el representante de la galería de arte más importante de la ciudad. Hacia un par de meses que había contactado conmigo, interesado por mi trabajo, que había visto expuesto en el bar de Joe's y me había pedido si podía crear un androide con formas humanas.

Después de tomar un pequeño refrigerio antes de acostarme, decidí tratar de sacar el camafeo de la corteza para poder restaurarlo mejor. Era una pequeña antigualla que podría encontrar un buen precio de salida en los mercados clandestinos de Montferrer.

Acerqué mi dedo a uno de los bordes, el que estaba más saliente y traté de transmutar la corteza en algo líquido. Nada más iniciarse el contacto, un montón de chispas empezaron a saltar alcanzándome parte del brazo. Noté como empezaba a enrojecerse y  rápidamente fui a sumergirlo en agua.


Capitulo 5.

Nuevamente una noche horrible acababa de empezar. El brazo empezó a inflamarse, tanto que diría yo que mi temperatura corporal se elevó a más de los 38º C. Tenía fiebre. Así, que decidí estirarme en la cama dejando la ventana abierta para que la brisa nocturna llenase la habitación.

A fuera, parecía un infierno. El aire que apenas soplaba era muy caliente. Poco a poco, empecé a ceder al sueño y de repente me encontré fuera, desnudo caminando por el jardín. En el horizonte, una gran luna redonda parecía reposar calmada sobre el mar. Entonces, oí su voz, su susurrante y lejana que me decía: "Ricky, recuérdame".

Para recordar estaba yo. Continuaba avanzando a paso lento por el jardín y justo en el momento que iba a saltar la valla que daba a la carretera secundaria, su voz volvió a sonar insistente: "Ricky, por favor, encuentra el modo de recordarme".

Esto ya era el colmo. De repente, una corriente fuerte me hizo volar hasta el interior de la casa y desperté en mi cama cubierto de sudor. Miré el reloj de la mesita y vi que eran las 4 de la madrugada. Evidentemente, tras los picores me había quedado dormido. Mi brazo ya no estaba inflamado y a pesar de que me encontrase un poco aturdido, respiraba muchísimo mejor.

Entonces, me acordé del sueño y de la misteriosa voz de mujer que me pedía recordar. ¿Pero, que era lo que debía recordar? Sin duda, si continuaba así, tendría que ir a visitar a la gran Dama.



Capitulo 6.

Volví a quedarme dormido de nuevo. Esa vez, tuve un sueño precioso, tanto que al despertar me hubiese gustado continuar soñando. Nuevamente, me encontraba en la gran playa, descansando absorto mirando el mar. Entonces, la luz del sol se oscureció de repente, y el mar empezó a agitarse de manera bravía. Las olas, cada vez eran mayores, rompiendo fuertemente antes de llegar a la orilla. Otro en mi lugar, ya se hubiese alejado a un lugar más seguro. Pero yo era Ricky Mallow y como buen Mallow adoraba el riesgo. Así, que continué sentado en la orilla, como absorto esperando el gran milagro. Y de repente, el gran milago se produjo y ante mi apareció una preciosa mujer, de cabellos largos, semi desnuda, nadando ágilmente entre las olas.

Era de locos, pero situada frente a mi, con mirada libidinosa me hacia señas con las manos para que me acercase a ella. No lo dudé ni un segundo, mi razón hacia bastante tiempo que me había abandonado. Así, que me quité la ropa y me adentré en el bravío mar.

Las brazadas se me hicieron eternas, pero ella seguía allí, como flotando entre las olas alentándome con su mirada, cada vez más cercana y próxima. Finalmente, la alcancé. Cuando mi mano se posó en sus hombros, una corriente eléctrica erizó todo el bello de mi cuerpo y cuando sus labios carnosos rozaron la piel de mi cuello, el éxtasis divino hizo una catarsis en mi.

Fue entonces cuando la luz me llevó a la consciencia y desperté, solo en mi cama. Evidentemente, no estaba en la gran playa, ni ninguna maciza yacía a mi lado. Esa era la realidad de Ricky Mallow desde que Katrina me había dejado.

Capitulo 7.

Fui directo al baño por una ducha fría. El agua me reconfortaba en estos momentos pues en cierta manera calmaba mi corazón herido. Quería dejar de pensar en Katrina, pero después de ocho meses de su ausencia, aun seguía amándola. Y el agua fría, congelaba mi corazón y con él mis sentimientos se mantenían a ralla.

Evidentemente, vivía en un autoengaño consciente. La soledad se había apoderado de mi y solo mi arte colmaba mi inquieta creatividad. Era como si hubiese decidido morir atrapado en mi propia vida.

Pero, hoy me sentía diferente, realmente el sueño nocturno me había despertado y al mirarme en el espejo,  me sentía por primera vez libre y afortunado. Es tanto, que decidí salir a comprar unas verduras, unos boletus, algo de pescado fresco y un buen vino blanco para cenar.

Cuatro años de vida en común junto a Katrina habían cambiado mis hábitos alimenticios. Ella era una carnívora nata y generalmente, siempre había una presa de caza en nuestra mesa para cenar. Pero hoy, iba a ser diferente, me sentía afín al mar y evidentemente deseaba deleitarme con sus exquisiteces.

Pasé el día inspirado trabajando en mi taller. Realmente, había algo que fluía en mi, pues ya casi tenía el androide finalizado. Decidí darle un toque final, quizás aquel antiguo camafeo...pudiese servirme para ello. Así, que me puse manos a la obra y cogí la piedra de pulir, para al menos limpiarle un poco la cara al camafeo, visto que la noche anterior mis poderes de transmutación no me había permitido alterar su estado.

Situé el camafeo bien  apretado entre los ejes del torno y acerqué la piedra a él. Nuevamente empezaron a saltar chispas, pero curiosamente, cuando empezaba a tomar brillo, las chispas se transformaron en diminutas gotas de agua. De repente, me encontré con la mesa de trabajo llena de gotitas de agua. El sol incidió sobre una de ellas...y fue entonces, cuando vi una imagen ilusoria que me susurraba: "Ricky, aún así no me recuerdas..."


Continuará...



domingo, 6 de octubre de 2013

Otoño tardío

Miguel se despertó hambriento aquella mañana. Medio dormido se dirigió a la parte posterior de la casa, la que comunicaba con el pequeño bar. 
Entró y fue directo al mostrador de las bebidas. A parte de prepararse un tentempié caliente, su cuerpo, aún resacoso de la noche anterior, le pedía un gin tonic...así, que casi sin pensarlo se dio cuenta que tenia la coctelera en sus manos y que que la estaba llenando de licor.

De repente escuchó un ruido en el silencio, que le hizo girarse hacia el ventanal...y fue entonces cuando por sorpresa, leyó el mensaje escrito del cristal.


Tuvo que salir a fuera, para poder dar crédito a lo que parecía intuir. Alguien, había escrito la palabra ayuda, en el vidrio de la entrada. Miguel, aun medio dormido, se tomó de golpe el gin tonic. Su mente se disparó por segundos y la adrenalina corría por sus venas a toda velocidad. 

No podía ser cierto, debía tratarse de una broma pesada...pero era tan real... De repente, el sonido estruendoso del móvil, le saco de ese estado. Y al otro lado del auricular, la tan familiar risotada de Paco, le ayudaba a recordar, que hoy domingo ,día de descanso, tocaba trabajar en el campo. Su hermano ya le había advertido el día anterior, de que si se pasaba en la juerga nocturna, por la mañana tendría un macabro despertar...

Era día de siega, pues extrañamente ese año, todo venia tardío y ya entrados en el mes de octubre, empezaban a cosechar lo que siempre habían hecho a mediados del estival verano.


Se vistió a medio gas, pensando en como devolverle la pesada broma a su hermano. Desde su tierna infancia, habían sido compañeros de juegos y rivales a la vez. Una extraña competencia había surgido entre ellos. Se discutían a menudo, pero no podían vivir el uno sin el otro. Su vínculo era muy especial y ambos sabían que no podía ser de otra manera, pues eran gemelos.

Cuando llegó al campo, vio a su hermano que le saludaba con una gran sonrisa desde la máquina cosechadora. Definitivamente, pensó que no debía haber salido la noche anterior, pues ahora le tocaba a él realizar el trabajo sucio y más pesado, el de repasar cada hilera verificando que no hubiese quedado ninguna espiga sin segar. Y con el calor, que empezaba a hacer, todavía se le hacía más cuesta arriba el trabajo.


Pero, el simple hecho de poder ir urdiendo una trama para vengarse de la broma matutina de su hermano, hizo que las horas de sol fuerte se pasasen con una cierta velocidad y que poco a poco, la brisa del atardecer, lo hiciese volver a la realidad.
Había sido una larga jornada de trabajo, pero había valido la pena, pues ya tenían cosechado todo el campo, ahora tocaba liar los fardos y recogerlos al día siguiente.

Paco se bajó de la máquina cosechadora y se dirigió hacia Antonio. Al llegar le dio un abrazo enorme y una palmadita en la espalda y le dijo: macho, te has comportado como un hombre. ¡Creo, que nos merecemos unas cervecitas frescas y un buen pedazo de manchego!
Quien podía resistirse a esa sonrisa tan encantadora que tenía su hermano. Realmente, más de una vez les había sacado de apuros delante de su madre y gracias a ella, se habían librado de más de una bronca.

Se dirigieron a su rincón favorito, el del viejo empaquetero, como ellos llamaban a la maquina de llevar los fardos, que hacía al menos diez años había dejado de funcionar.


Allí estuvieron un buen rato, hasta casi el anochecer. Realmente, cuando estaban juntos el tiempo volaba veloz y las confidencias siempre andaban acompañadas de risas y carcajadas.

De repente Antonio recordó que no había devuelto la broma a Paco y entonces, su rostro se torno serio y mirando fijamente a su hermano le dijo: tío, ¿sabes a quien vi anoche?
Paco intrigado respondio: no. ¿Cuenta? Cuenta...
Y Antonio con una sonrisa intrigante en sus labios, soltó a media voz: a Marta...
La cara de Paco cambió por segundos y el silencio selló su voz.

La venganza estaba servida...ahora solo le faltaba hilvanar la historia, tejer esa sutil trama, y dejar que Paco por un tiempo, experimentase el terror que él había padecido esa mañana. Siendo consciente que, al día siguiente su querido hermano Paco, volvería a la carga con una nueva broma. Ellos eran así y en el fondo, le gustaba.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Sorbete de Limón

¿Que tal va la vuelta al cole? Bueno, mejor dicho, ¿como han ido las vacaciones? No se si lo sabréis, pero, cada septiembre empieza para mi un nuevo año, lleno de nuevos propósitos...y como imaginareis, a medida que transcurre...se pierden por el camino...jejeje.
Bueno, pues uno de esos propósitos es el de cada semana realizar una nueva receta culinaria...retomando una de mis propuestas del año pasado. Además, me han regalado un montón de libros nuevos de cocina, evidentemente todos de postres y de diferentes países del mundooooo. Así que estoy como una niña chica!!

Pero para este post, no voy a echar mano de ellos, sino que os voy a traer una receta de esas que pasan del boca a boca, por la tradición oral y que llegan a tus manos a través de los lazos de la amistad.
Antes de acabar el curso escolar, que es el que guía mis días, hice una comida en casa a la cual vino una muy buena amiga y como no trajo un delicioso postre, que es el que hoy os voy a presentar.

Mar, como le gusta que le llamen, fue a un día a comer a casa de su hermana y ésta la sorprendió con un sencillo y delicioso postre. Su hermana a su vez, había ido a cenar a casa de unos amigos y allí, su amiga, como buena anfitriona les deleitó con el postre. A la amiga de su hermana, en otro encuentro, le sorprendieron con él...y así, el dulce postre ha ido viajando a través de la amistad.


Me he tomado la licencia de titularlo como sorbete de limón, pero como veréis, está hecho de yogur, así que de sorbete...no se si tiene mucho, pero os aseguro que es muy , pero que muy refrescante. 
Mar, lo trajo en unos potecitos de yogurtera y aluciné sola. Y como ya sabéis, que me gusta tunear las cosas, para darles un toque más personal y más dulce, porque en el fondo, me gusta lo empalagoso...me he tomado la licencia de añadirle unas galletas. Así que ahí os dejo la receta.

"Sorbete de Limón"

- 5 yogures naturales
- 1 lata de 740g de leche condensada
- 4 limones grande
- 6 galletas digestive
- un poco de mantequilla

Como veréis, la elaboración es sencillisima y el resultado estupendo!! Lo primero de todo tomamos un bol en el cual vertemos los 5 yogures. Removemos o bien con la ayuda de la espátula o con la de las varillas. Yo utilicé las varillas, para dar más cremosidad y consistencia a la masa.
Posteriormente, añadimos la leche condensada y removemos de nuevo. Veremos, como la pasta se va haciendo más cremosa.
Paralelamente, exprimiremos el zumo de los limones y lo verteremos a la masa cremosa. Al mezclarlo nos dará la sensación de que la masa se corta, pero no os preocupéis, se liga y la hace más clarita.
En este paso, es cuando debéis probar si os gusta el sabor, es decir, si la queréis con más o menos gusto de limón, porque de ello dependerá que utilicéis el zumo de 4 o más limones.
Una vez hecho esto, pasaremos a preparar los moldes donde presentar el postre. Yo he utilizado unos vasitos cortos, esos en los que te sirven el chacolí en los vascos. En el fondo he puesto el preparado de la galleta. Y luego, los he rellenado con la masa del sorbete.
Para el preparado de la galleta, lo que he hecho ha sido triturar las galletas, vamos desmenuzarlas, para que queden en polvo. Posteriormente, en una paella he desecho la mantequilla y he añadido la galleta desmenuzada, formando una pasta homogénea, que cuando ha enfriado un poquito, he colocado bien apretadita en el fondo de los vasos. Después, los he acabado de rellenar con la masa y ya están listos para ponerlos a refrigerar en la nevera.


Como veis se trata de una receta facilísima y de un postre súper resultón. Evidentemente puede modificarse, y en lugar de utilizar yogures naturales, para bajar las calorías, después de los excesos del verano, podéis utilizar yogures light y también la leche condensada light, que la venden. Pero, si lo que buscáis es una bomba nuclear con una alta densidad, os recomiendo usar el yogur griego, que es mucho más denso y contundente.

Evidentemente, a la hora de servirlo, podéis utilizar otros envases. Yo finalmente, lo decoré con un poquito de chocolate líquido por encima, dibujando unos corazoncitos...pero, la verdad, es que personalmente, me gusta sin el gusto del chocolate, para poder sentir más la acidez del limón.


Se me olvidaba explicaros, que a medida que se enfría, cambia su densidad y la verdad, es que cuando te lo tomas es muy delicado al paladar, realmente, la mezcla de la acidez con el dulce de la leche condensada es muy peculiar, queda una textura súper mórbida.

Creo que es un postre ideal, para una comida o cena algo fuerte, de esas en las que te queda poco hueco para tan esperado dulce final y así de paso, al llevar el limón te ayuda con la digestión. Pero entonces, os recomiendo que no pongáis las galletas, porque lo hace más contundente y empalagoso.

Ya me diréis que os parece y si se os ocurre alguna variación.


domingo, 11 de agosto de 2013

Tarta de Santiago

Hoy me gustaría traeros una receta tradicional de la cocina gallega, que puede degustarse a lo largo de las diferentes comunidades que atraviesa el Camino de Santiago. 

Su simplicidad de ingredientes la hace grande. Sus orígenes son inciertos y se encuentran extrañamente ligados a los de la desconocida tarta de almendras de Elche, siendo la gran diferencia entre ambas la ausencia de harina.


"Tarta de Santiago"

- 250 gr. de almendras molidas
- 250 gr. de azúcar
- 5 huevos
- 1 cucharadita de canela
- la ralladura de la piel de un limón
- azúcar glass para decorar

Evidentemente lo primero que hay que hacer es poner el horno a calentar a 170º y una vez que hayamos elaborado la tarta de Santiago la podremos a hornear sobre una media horita...pero, el truco para saber que está bien hecha, es cuando la superficie queda ligeramente dorada. Es por ello que el horneado puede durar entre 30 y 45 minutos.

Tomaremos un bol en el cual con la ayuda de unas varillas eléctricas mezclaremos los huevos con el azúcar hasta obtener una pasta cremosa. He de deciros, que yo utilizo las varillas eléctricas únicamente en este en este paso, porque me resulta más fácil a la hora de crear la pasta cremosa sin grumos. Después, el resto de ingredientes los mezclo con la ayuda de una espátula.
Una vez que tenemos la pasta cremosa,  iremos ajuntando las almendras molidas poco a poco. En realidad se trata de mezclar bien todos los ingredientes y que queden ligados. Evidentemente, si queréis que la tarta tome más volumen, deberéis batir en lugar de mezclar. A mi personalmente, me gusta que no tome volumen, pues así me recuerda más a la tarta casera que he probado en algún restaurante gallego.
Cuando tenemos las almendras mezcladas, añadiremos la cucharadita de canela y volveremos a remover bien, mezclándolo todo de nuevo.
Finalmente, añadiremos la ralladura del limón, mezclándola ligeramente con la masa que tenemos.
Llegados a este punto, ya lo tenemos todo preparado para verter la masa en un molde circular de unos 24 cm de diámetro. Tenéis que tener en cuenta que en función de lo grande que sea el molde, la tarta tomará más o menos volumen.
La metemos al horno y la dejamos hornearse durante una media hora. A partir de ahí, vamos controlando la superficie hasta que esté dorada. 




Evidentemente, el rasgo de identidad propio de la tarta de Santiago es su decoración con azúcar glass y ese emblema tan característico, el de la cruz de Santiago.
Si utilizáis nuestro querido buscador de San Google, que nos hace la vida más fácil, encontraréis montones de plantillas con el emblema. Pero, para facilitaros la tarea os he hecho un pequeño freebie para que os descarguéis o simplemente, lo utilicéis calcando directamente sobre un folio desde la pantalla.
Una vez tenéis la plantilla, la recortáis y la colocáis en el centro de la tarta. Tenéis que tener en cuenta que la tarta haya enfriado lo suficiente antes de empezar a espolvorear con el azúcar glass. Ya que de lo contrario, el calor lo absorberá. Entonces, espolvoreáis el azúcar abundantemente. Para finalizar, retirais con mucho cuidado la plantilla de la cruz y ya está lista para comer.





No se si os habrá pasado como a mi. Resulta que una noche fui a cenar a un restaurante gallego...y evidentemente, una que es muy de dulces se reservó un huequecito para el postre, sobretodo después de que me dijesen que una de mis tartas favoritas era casera. 
Allí, me explicaron que en Galicia, la tarta se toma mezclada con un licor de hierbas... Así que osada de mí, rocié con todo el licor que acompañaba la tarta de Santiago en un vasito y...mi paladar se horrorizó en el mismo instante que el primer bocado entró en contacto con él. Esa textura mórbida y suave, se había transformado en empapada y consistente, acompañada de un gusto muy fuerte que enmascaraba todo su sabor.




Así, que tras el experimento, mi recomendación es que utilicéis el vino dulce o el licor para acompañarla bebiendo, pero nunca, nunca...a no ser que lo que queráis tomaros es un "borachito" lo vertáis por encima.



lunes, 29 de julio de 2013

Aviñon

Hoy me gustaría llevaros de paseo hasta la pequeña ciudad de Aviñón, en pleno corazón de la Provence francesa.

Esta bella ciudad amurallada se erigió a orillas del río Ródano como templo del Papado. Por lo tanto, no es casualidad, que hoy en día podamos disfrutar de los vestigios de su esplendor y magnificencia.
Como buena ciudad medieval, lo primero que te llama la atención es que para llegar a su casco antiguo, tienes que acceder al interior de la muralla por una de sus 14 puertas.
Una vez en su interior, un laberinto de callejuelas te absorben y te invitan a perderte por el complejo intrínseco centro. Algunas de ellas son tan estrechas que resulta imposible hacerte una idea de como puede ser la ciudad. Te da la sensación de que todo es plano, pero en realidad, hay una pequeña cima sobre la cual se erige el Palais des Papes.


Si queréis visitarlo, digamos que es un palacio más...realmente un poco austero, que muestra como vivía el Papado en el siglo XIV.  Pero, a mi parecer, toda su espectacularidad se encuentra en su exterior. El acceso desde el centro, es a través de unas callejuelas estrechas. De repente, al final de ellas, te encuentras una amplia plaza, que hace un poco de pendiente, y de frente le Palais. Para poder conseguir una buena foto, se necesita el gran angular, porque las distancias son muy cortas.
Hay que decir, que si por algo merece la visita este emblemático palacio, es por las vistas privilegiadas de la ciudad y el Ródano, desde las torres más altas del palacio. También es muy recomendable acercarse a él entrada la noche, pues la iluminación le aporta un toque fantasmagórico, que te hace evocar todo tipo de historias fantasmales.


No obstante, el rincón que sin duda merece la pena una visita, es el famoso "Pont d'Avignon", el de la canción popular. Conocido como el Pont Saint Bénezet, tiene la particularidad de que no llega al final de la otra orilla. Es decir, que acaba en medio del agua. Eso es debido a que con el tiempo, con las crecidas del río los arcos han ido cediendo, y finalmente, han dejado de repararlo para intentar alcanzar la otra orilla. Así, que cuanto menos es peculiar y lleva una leyenda incluida.


Pero si hay algo que le da un toque especial a esta pequeña ciudad francesa, es el festival de teatro que se celebra cada verano durante el mes de julio. A pesar de que la ciudad se llena de visitantes y es muy difícil encontrar alojamiento, sobretodo el fin de semana, creo que es el periodo ideal para visitarla. Realmente, sus calles se transforman y se llenan de carteles. Pero, lo mejor de todo es que los propios artistas pasean por ellas mostrando un poquito de las piezas y promocionando su propio espectáculo. De esa forma, cada rincón se transforma en un pequeño escenario y la interacción con el publico es genial. Dejas de ser un mero turista y te conviertes en un divertido espectador.


Además, Aviñón se transforma en un punto clave y estratégico si quieres recorrer la región. Desde él, hay prácticamente acceso en tren a la mayoría de ciudades importantes y cercanas, como: Arles, Orange, Nimes, Marsella, etc.

Pero, si en cambio decides llevar el coche o alquilar uno allí, se convierte en el punto de acceso a las diferentes rutas de la lavanda. Cuando se opta por visitar la zona, es importante tener en cuenta la época de floración, para hacerla coincidir con el festival de teatro. La ruta más cercana, la que sale de Carpentras hacía Apt y luego continúa hacia Sault, es ideal para ese periodo. Además, lo increíble de esa ruta, es que no tan solo encuentras fantásticos campos de lavanda, sino que también puedes disfrutar de campos de girasoles, de trigo, de viñedos...ideales todos ellos para los amantes de la fotografía.


Así, que os recomiendo el mes de julio para visitar tan bella zona, la Provence francesa. Con una semana, tenéis tiempo para visitar los lugares más emblemáticos, descubrir su pequeños pueblos pintorescos y disfrutar de la lavanda en flor.

Si optáis por montar el campamento base en la ciudad de Aviñón, tenéis que apresuraos en buscar alojamiento, porque está en pleno festival y completamente llena de turistas. Mi propuesta, si vais un grupo, es decantaros por un apartamento. Yo estuve en éste y fue una muy buena opción. Sobretodo, pensando que me puse a buscarlo a una semana de salir en ruta. Murielle es super simpática y el apartamento es muy cuco. Quizás, no está en pleno centro, dentro de los muros, pero en un paseo de unos diez minutos tienes acceso a la calle principal a través de la porte de la République.

Tal y como dice la canción, durante el mes de julio..."on y danse, sur le pont d'Avignon".

miércoles, 17 de julio de 2013

Una fiesta en el campo

Aquella mañana, amaneció con un sol esplendido que alumbraba toda campaña. A pesar de ya haber entrado en mediados de julio y de que el calor empezase a ser aplastante, los campos lucían preciosos y vestían engalanados sus mejores colores, tiñendo la campiña de malvas y ocres.


Por fin había llegado el gran día, Papillon iba a esposarse. Pero antes de ello, sus amigas más íntimas habían decidido celebrar una pequeña fiesta, en la cual poder charlar y compartir confidencias. 

Desde bien entrada el alba, la laboriosa Ape, había estado decorando su pequeño jardín. Allí, entre todas habían decidido celebrar el encuentro. Amorosamente, había estado colectando un poco del polvo de lavandín, con el que había preparado unos dulces aromáticos que conquistarían a los más exigentes paladares. Aun recordaba amargamente el último encuentro, cuando Mangosta se quejó de que le faltaba algo de miel a sus dulces.


No es que fuera quisquillosa, pero trabajaba arduamente y le gustaba cuidar hasta el más mínimo detalle. Esta vez, sus dulces estaban a punto y ese toque de la miel de lavanda, sorprendería gratamente a su inseparable amiga. Además, era el color preferido de Papillon y hoy era su gran día. Todas debía estar unidas para celebrarlo con ella.

Mientras Ape estaba acabando de darle su toque secreto a los dulces, llegaron Cuca y Fera, las gemelas. Eran divertidísimas, pues siempre andaban discutiendo. Lo que una opinaba, la otra le llevaba la contraria. Pero en el fondo, se querían un montón y no podían pasar la una sin la otra.
Para este día, tras mucho discutir, finalmente habían decidido colaborar haciendo unas guirnaldas de flores, de esas que tanto le gustaban a Papillon. Habían pasado gran parte de la noche, enlazando pequeñas forecitas con hilo de seda y el resultado había quedado de lo más espectacular. Su amiga iba a estar muy contenta cuando las viera.


Ape, les ayudó a colgarlas entre las ramitas cortas de los matorrales y a enlazarlas unas con otras. Realmente, se sentían muy satisfechas, pues ese pequeño rincón empezaba a tener alma propia y el gran Eolo, dios del viento, les ayudaba soplando una ligera brisa que favorecía que los aromas se mezclasen.

De repente, empezaron a escuchar un sonido muy familiar. No podía ser otra, Mangosta se estaba acercando, tarareando alguna de sus nuevas canciones. Si, Mangosta era la especialista musical del grupo. Tenia un gran don y con simplemente la ayuda de sus largas piernas y unos brotes de trigo, era capaz de improvisar la más bella de las sonatas.

La vieron llegar cargada de semillas de trigo, con las que había hecho unas pequeñas coronas, para que todas luciesen como unas reinas. Rapidamente, corrieron a su encuentro y le ayudaron a depositar tan bellos objetos sobre una pequeña piedra blanca.


Mangosta les explicó que había compuesto una melodía especial, con acordes suaves, para tocar el día de la boda. Y evidentemente, todas le suplicaron que se la tocase antes de que llegase la novia.

A mitad de la canción escucharon el inconfundible lamento de Baby, pues era la benjamina del grupo. Llegaba fatigadisima, después de la larga caminata que se habia dado. Ella vivía a las afueras de la campiña y no es que fuese muy rápida avanzando.

Venia cargadísima de una frutal bebida. Había estado pensando que con la calor que hacia, sería bueno tener algo refrescante. Ape, como buena anfitriona, había dispuesto unos pequeños charcos de agua del arroyo, para mantener a buena temperatura el dulce jarabe que había preparado Baby.


Baby les explicó, que había usado una receta que hacia su abuela. Se trataba de mezclar el néctar de lavanda con unas gotas de limón. Y que había traído como recipientes, unos pequeños cubículos hechos con las flores secas del lavandín. Estaba segura que a Papillon le encantarían, pues eran de su color preferido, el malva clarito.

Todas estaban emocionadísimas, ya que Papillon era la primera en dar el gran paso. Hace algunos años, había llegado a la campiña un adorable sureño, con porte altanero y colores brillantes. A Papillon le había encantado desde la primera vez que lo vio. Al verlo llegar acompañado de otra dudó de sus posibilidades, pero finalmente resultó que la otra era una prima lejana y ahora formaba parte de tan entrañable grupo.

Grila llegó tarde, como siempre hacía. Formaba parte del protocolo sureño, que después de varios años, a ellas tan meridionales les costaba entender. Traía consigo, unos salatines especiados, hechos con el polen de las mil flores. Era una especialista en ellos, pues quedaban tan crujientes, que al ponerlos en la boca el deleite era tan grande que mil estrellas explotaban en él.


Mangosta, al ver los salatines se puso muy nerviosa, la tentación era tan grande...que ceder a ella iba a ser un arduo trabajo antes de que llegase Papillon.

Grila, les explicó que antes de salir de casa, había espiado al novio, que andaba preparando sus grandes alas con polvo estelar, para brillar aún mucho más. Estaba muy emocionado, pues Papillon lo era todo para él.

Ape, dejó los salatines en un oscuro mineral, para dar más potencia visual a tan claros aperitivos. Todas se miraron y sonrieron satisfechas. Ya estaba todo preparado para la llegada de Papillon. Tenian muchas ganas de verla y compartir con ella ese gran dia, unos intantes antes de que se uniese a Farfallo.


Y allí llegó, expandiendo sus brillantes alas y se posó sobre su preciada flor, la lavanda. Todas acudieron a recibirla. Y empezaron a charlar y charlar, comiendo y bebiendo, compartiendo un bello momento que siempre recordarían. Pues la amistad teje unos sutiles hilos que aun cuando la distancia es lejana, se sienten siempre en proximidad.



Como ya sabéis, la penúltima historia la de Un te en el desierto, era una pequeña colaboración entre el grupo de amigas bloggeras de Lío de fotos. Y aquí estamos una vez más con un nuevo reto, en el cual la palabra clave, dado que estamos en veranito es: la preparación de una fiesta.

Nuestra Mariu, desde  gelatina de plata nos propone una dulce fiesta de helados. La benjamina Rocío, desde sweet confetti nos trae unos fantásticos imprimibles para decorar nuestras fiestas. Cristi, que tiene una estupenda mano para la cocina, desde la mujer del fotografo es química endulza nuestra amena fiesta con una deliciosa tarta. Anna, nos deleita con su especial arte en cazadora de inspiracion elaborando unos preciosos farolillos de cristal. Nuestra Bego atenta siempre a todos los detalles, se ha encargado de los detalles florales en living wall dressers. Y finalmente, yo elegí, lo que más me gusta, crear historias con imagenes. Así, que aquí os la dejo y en especial la quiero compartir con todas ellas, pues la red nos ha unido tejiendo los bonitos hilos de la amistad.



miércoles, 3 de julio de 2013

Una puerta que se abre

Continuando con la historia de el jardín de los secretos.

Tras una noche terrible de esas en que las sombras surgen de los más reconditos lugares y campan a sus anchas por el exterior...Celine se despertó un poco antes del alba, tremendamente agitada. 
Aún podía recordar el sofocado grito con el cual había despertado. Podía sentir su garganta dolorida y le costaba respirar. Odiaba sentirse así, pero esta vez era diferente, había sido tan real... 

A pesar de que tan solo había sido un sueño, estaba segura de que alguien la había tomado por el cuello y estaba intentando ahogarla. Pero allí estaba ella, sentada en su cama, con el corazón latiendo a alta velocidad, con la respiración entrecortada y sola. Si, estaba sola, salvo por las sombras que se veían en el jardín...y esa luna que en breve desaparecería y dejaría paso al día.


Intentó volverse a dormir, pero no pudo. No podía dejar de pensar en todas esas pequeñas cosas que ocurrían en su hogar.  A veces tenia la extraña sensación de que alguien más habitaba con ella, pero sabía que todo era producto de su imaginación... ¡No podía ser real! ¡Quería pensar que eso no era real!

Era tan curiosa esa atracción que tenía por su jardín. Ella que antes de llegar a esa casa, era conocida entre sus amistades por la "tueuse des plantes" y desde que habitaba ahí, se había convertido en una jardinera experta. En la ciudad casi no disponia de tiempo para ellas y las alimentaba de tanto en tanto...en cambio, ahora en la campiña, ese jardín se habia transformado en su pasión, rozando casi una obsesión.

Se asomó a la ventana del jardín, el amanecer habia dejado atrás la oscuridad del despuntar del alba y los primeros rallos de luz emergían entre los tulipanes.
Sintió la necesidad de salir, de caminar descalza hacia ellos y observarlos más de cerca. Y eso fue lo que hizo, salió. Mientras caminaba descalza, un respingo recorría su espalda, pues el suelo estaba mojado y prácticamente helado, tras la lluvia. Allí estaban, frescos y altaneros. 

De repente, decidió acercarse al cobertizo por las heramientas y cortar unos pocos, para ponerlos en el jarrón de la cómoda de la habitación.
Al abrir la puerta del cobertizo esta hizo un estraño ruido y se ladeó un poco. Miró atentamente y se percató de que una visagra había cedido y se habia salido del eje. Buf, le esperaba un nuevo trabajo que hacer. Menos mal, que la puerta era de madera y no pesaba demasiado.

Después de invertir como una media hora en la repación y que la puerta quedase como nueva, al revisar la juntura, se percató que en habian unas inscripiones talladas. Nunca antes había parado atención. Es más, sintió la necesidad de voltear todo el cobertizo y encontró, que en la ventana trasera, sobre los porticones había una llave dorada incrustada en ellos. Volvió corriendo al interior del cobertizo, por el martillo y el cincel. Lo tenia claro, picando alredededor de ella y haciendo un poquito de palanca, quizás pudiese extraerla.


Una vez que tuvo la llave en sus manos, la hizo girar y girar. ¿Qué es lo que abriría esa llave? ¿Por qué la habían incrustado en la puerta? De repente, un montón de preguntas empezaron a emerger en su mente. Eran como un torbellino que no podía parar y que la atrapaba creando la necesidad de encontrar las respuestas de todas ellas.

Evidentemente la gran pregunta la llevaba de nuevo al jardín. ¿Tendría alguna relación esta llave con la caja enterrada en él? Es más, ¿tendria alguna relacion con esa extraña carta de su interior? Y entonces, su inconsciente plasmó en su mente esa curiosa frase que martilleaba en su memoria: " Ma cherie... nunca dudes de lo que tu corazón siente cuando tus ojos te muestren la terrible verdad que se oculta tras las flores del jardin...".

Ya bastaba de preguntas...necesitaba las respuestas. Con paso enérgico y decidido volvió al interior de la casa. Al traspasar la puerta, se acordó del antiguo baul que había en el desván.  Subió la pequeña escalera de caracol que llevaba a la primera planta. Una vez allí, se dirigió a la parte posterior de la casa, la que daba a las habitaciones y al baño y ascendió por las pequeñas escaleras de madera hasta el desván.

Allí estaba el arcón. Su corazón palpitaba con fuerza, tanta que los latidos resonaban en sus oídos. Se acercó a la cerradura y metió la llave. Era increible... ¡la llave encajaba!. La giró un par de veces hacia la derecha, pero no sucedió nada. Volvió a probar de nuevo... pero, seguía como atascada. Decidió bajar por el líquido engrasador del coche y probar de nuevo. Al engrasar la cerradura, la llave encajó mejor. Y al girarla nuevamente, un leve chirriar dió la señal de que el arcón se había abierto.

Se sentía igual que una niña pequeña, cuando descubre un misterio por primera vez. Dentro del arcón, habían unos vestidos antiguos, un pequeño diario y una imagen espeluznante incrustada en un cuadro.


Parecia como un fotograma que habia sido transferido al lienzo. Y luego pintado con oleo y acuarela. Tenia un volumen muy singular, era como si sobresaliese de él. Pero lo más peculiar, eran los aros dorados de las ninas de los ojos. Si, ahora que lo tenia entre sus manos y lo observaba más de cerca, no tenia ninguna duda: eran dos alianzas incrustadas. ¿Quién había pintado ese lienzo? Y lo que es más importante ¿ a quién pertenecían esas alianzas?

Volteó el cuadro y en la parte posterior, encontró una inscripción que se leia borrosa. Decía algo parecido a:  "Remy: velaremos por ti, aun cuando creas que ya te hemos olvidado".

De repente, se sintió ahogada en ese espacio y decidió descender con el cuadro y el viejo diario al salón. Estaba tan nerviosa, que tropezó con la mecedora y cayó de bruces al suelo. Afortunadamente, no se hizo daño, pero como si de una señal se tratase el diario quedó abierto por una página, de la cual faltaba un pequeño trozo y el lienzo se desmontó un poco. Lo tomó con delicadeza y lo despositó sobre la mesa del té. Más tarde se pondría manos a la obra y lo arreglaría. Ahora, quería saber más y empezó a leer el diario por la página que se había abierto.

Decía: "23 octubre 1939, hoy es un triste día. Las hojas secas del viejo arce tapan los restos marchitos de las gerberas. Después de las noticias acontecidas, el miedo ha llegado a la aldea. Hoy hemos recibido la carta. Maurice tiene que partir al frente...Más lagrimas no pueden acudir a mis ojos. El desespero y la desolación me embriagan. Miro mi jardín y por primera vez en mucho tiempo lo veo marchito. No puedo pensar en su ausencia. "

Celine alzó la cabeza y con la mirada perdida en el jardín, recordo la "M" que había encontrado inscrita en la silla oxidada junto a las gerberas. ¿Perteneceria esa "M" a Maurice? Sin lugar a dudas, debía continuar leyendo ese viejo diario para descubrir más.





lunes, 24 de junio de 2013

Pan dulce de chocolate blanco y papaya

No se si lo sabréis, pero... ayer se celebró la noche más corta del año y coincidió con una fase muy especial de la luna, la de la superluna. Es decir, anoche la luna estaba en su fase más llena y se encontraba a la menor distancia de la tierra. Por ello, desde nuestro bello planeta pudimos observarla mucho más grande de lo que normalmente nos tiene acostumbrados. No obstante, en mi ciudad se asomaba tímidamente entre las espesas nubes que la tapaban.

Desde pequeñita siempre he celebrado de una manera muy especial esta noche tan mágica, la noche del fuego y de las brujas, en la que la magia da poderes curativos a las plantas y toda serie de seres mágicos emergen del ensueño. Pero, si hay algo que hace especial esta festividad, es que el momento de la cena, en la cual brindando por la vida se degusta la famosa "Coca de Sant Joan" . 

Así que me fui al super a por los ingredientes...estaba decidida a por primera vez en mi vida, elaborarla. Pero, soy un desastre...y me olvidé del ingrediente principal, el que marca la diferencia, la levadura fresca. No me atreví a usar la normal que tengo en casa...así, que decidí improvisar con los ingredientes que había comparado y alguno  más que tenia por casa, una alternativa muy dulce a la Coca de Sant Joan. 

"Pan dulce de chocolate blanco y papaya"

275 gr de harina de fuerza
1 cucharadita de levadura en polvo
175 gr de azúcar blanquilla
2 huevos XL
225 gr de crème fraiche (nata fresca)
125 gr de mantequilla
1 cucharadita de agua de azahar
1 cucharadita de canela
100 gr de papaya deshidratada
50 gr de chocolate blanco

Primero de todo ponemos el horno a calentar a 175 ºC y una vez elaborado el Pan dulce lo ponemos a hornear durante una hora aproximadamente.
Tomamos un bol en el que previamente habremos derretido la mantequilla, al que añadiremos el azúcar. Batiremos con la ayuda de las varillas eléctricas hasta obtener una mezcla esponjosa.
Posteriormente, añadiremos los huevos uno a uno. Y removeremos hasta lograr una crema ligeramente suave.
Llegados a este punto, es el momento de añadir la harina que previamente habremos mezclado con la levadura y la crème fraiche. Lo haremos alternando una con otra, empezando por la harina. Así pues, añadiremos la tercera parte de la harina y la mezclaremos bien con la masa. Obteniendo, una crema mucho más solida. Después, añadiremos la mitad de la crème fraiche, removeremos nuevamente, lo que espesará la masa. Y así, hasta finalizar los dos ingredientes alternándolos, acabando con la incorporación de la última parte de harina.
Entonces, añadiremos el agua de azahar y la canela. Y removeremos bien hasta que los dos ingredientes se hayan mezclado bien con la masa.
Finalmente, agregaremos los trocitos de papaya deshidratada junto al chocolate blanco, que habremos troceado finamente con anterioridad.  Los mezclaremos ligeramente con la ayuda de una espátula y al finalizar, ya tendremos la masa lista para versar en un molde rectangular de unos 25 cm de largo por 12 de ancho. Para acabar, la ponemos al horno y a esperar a que esté bien hecho. 


No se si a vosotras también os pasa, pero cuando horneo a menos de 180ºC se me hace una eternidad. Es verdad que con la menor temperatura la masa se hace más lentamente y coge una textura diferente. Os recomiendo empezar a observar si está hecho el pan dulce, a partir de que hayan pasado 50 minutos, pues en función de cada horno, aunque todos supuestamente los pongamos a la misma temperatura, se regula el calor de manera diferente.


Como veréis, esta alternativa dulce a la Coca de Sant Joan, puede servirse a media tarde acompañada de un delicioso té. Mi propuesta sería un té negro caliente con cardamomo y canela, muy aromático o bien, una infusión fría de hibisco y frutos rojos, ligeramente ácida.
Quizás os preguntéis, porqué estas propuestas y no otras. La respuesta es sencilla, creo que el contraste final obtenido entre el azahar, la canela, el chocolate blanco y la papaya, es muy especial, ya que queda ligeramente dulce, pero al mismo tiempo aromatizado. Y la verdad es que al sentirlo en la boca, he pensado que pegaría con una bebida caliente, con un contraste armonioso y aromático a la vez,  pero como estamos en veranito y hace calor, porque no buscar una alternativa fría al famoso té de las cinco.


Así, que aquí os dejo, preparando mi té...siguiendo un ritual ancestral, donde cada elemento forma parte de un todo. No se si lo sabréis, pero me encanta observar como cae el agua en la taza y como al añadir el té, está se va tiñendo lentamente gracias al contraste del calor. Si... lo reconozco..., soy una gran apasionada del té, tanto que cada vez que me preparo uno, se me ocurren historias acerca de él, como la que os dejé en el ultimo post, ¿os acordáis?.





miércoles, 19 de junio de 2013

Un té en el desierto

Aquella mañana, Samira se había despertado inquieta. La calurosa noche se había manifestado en ella a través de los sueños. Oscuros e inquietos se revelaban claramente, algo estaba creciendo en el interior de su vientre. Una nueva vida venia, pero, el augurio no era claro, pues las aguas del rio se teñían oscuras y esa no era una buena señal.
No obstante, la vida parecía transcurrir tranquila para todos los vecinos del pueblo, que vivían ajenos a los sueños premonitorios de Samira. Ella, metida en sus pensamientos, decidió ir a buscar agua al pozo para poder preparar el té de la mañana a su familia.


A Samira, ya desde niña le gustaba hacer el pequeño camino hasta el pozo. Se sentía afortunada realizando esa ardua tarea, ya que el pozo se encontraba a una distancia importante del poblado y la vida en el desierto era muy dura. Para ellos, el agua era una fuente de felicidad, que transformaba esas tierras poco fertiles, en pequeños paraísos.
Ese aprendizaje era vital en sus vidas y Samira había sido una de las más afortunadas, pues su padre, un extravagante hombre para su cultura y su tiempo, la había llevado con él en sus largos viajes en caravanas por el desierto.
Allí, había podido conocer otras gentes y otros lugares mucho más fértiles, donde el agua daba la vida y hacia crecer diferentes formas de cultivo y plantas. Ese aprendizaje, no se lo guardó solo para ella, sino que lo compartió con las otras mujeres de su poblado.
A ellas, les gustaba reunirse y compartir experiencias y conocimientos. Es por ello, que ahora, todas ellas en sus ventanas, tenían unos pequeños cultivos de menta fresca, con la cual aromatizaban esa bebida refrescante que tanto les gustaba hacer para sus familias, el té.
No obstante, como augurio de ese día, aquella mañana, mientras Samira se dirigía al pozo observó que la luz del sol se reflejaba extraña en la roca de la montaña y de repente, asomó en la lejanía la familiar silueta de los caballos del desierto. Inminentemente, llegaría  una nueva caravana al poblado.


Tenia tiempo todavía, así que aceleró su paso para alcanzar el pozo, tomar el agua y poder llegar a casa antes de que su padre, viniese con los mercantes a su hogar.
Dado que su padre a lo largo de su vida, se había dedicado al comercio de pequeñas plantas y especias, ahora era el regidor del poblado y cada vez que una caravana llegaba al pueblo, como buen anfitrión la recibía en casa, tratando los arduos temas mercantiles, al cobijo de la sombra acompañados siempre de un buen té frio a la menta.
Cuando alcanzó el pozo, al introducir sus manos en el agua, notó una frialdad demasiado intensa para la época del año en la que estaban. Enseguida pensó en el dicho que siempre decía su abuela: si tus manos ves helar, tu corazón empezará a palpitar. Un pequeño respingo corrió por su espalda.
Tomo el agua con calma y paciencia, con esa lentitud que hace que las cosas se asienten. Una vez que tuvo lleno el cántaro, salió corriendo, pues tenia el tiempo justo para llegar a casa, vaciar el agua en las tinajas y preparar la primera tetera.
En el momento, que atravesaba la plaza, vió como un apuesto hombre de ojos azules junto a dos hombres más, descargaban unos sacos de especias, que amontonaban a la sombra de la vieja palmera. Le hubiese gustado quedarse observando a ese enigmático hombre que trabajaba a conciencia, pero, la cercanía de su padre la alertó y salió corriendo.


Samira entró en la casa y puso el agua a hervir en la tetera junto a las hojas de té negro y una gran dosis de azúcar. Se dirigíó a la ventana y empezó a cortar hojas de menta fresca de la planta. Le encantaba sentir el contacto de la menta en sus manos, pues, era una sensación maravillosa, ya que cada vez que troceaba una hoja, el frescor la invadía y el olor le embriagaba el alma.
Depositó con todo el amor posible, las pequeñas hojas de menta en los vasos, machacándolas un poquito, para que su aroma emergiese con la ayuda del calor, con más fuerza.
De repente oyó como su padre entraba e invitaba a los hombres de la caravana a sentarse en los cojines alrededor de la mesa. Escuchó atentamente, como uno de ellos agradecía, con un ligero acento del norte,  tan bella acción, ya que tras cinco días de jornada al sol ese pequeño reposo al cobijo del hogar era muy reconfortante.
Entonces Samira, ya con el té preparado sobre una bandeja de plata, entro en la sala trayendo el silencio, pues el apuesto joven de ojos azules, al verla no pudo articular palabra, solo la miraba, sorprendido y atónito. Samira, al mismo tiempo, cruzó su mirada y rápidamente bajo sus ojos, pues era tan intensa que su corazón palpitaba con tanta fuerza que parecía que se le iba a salir.
Justo cuando iba a depositar la bandeja, un ruido llegó del exterior. Era el pequeño Salim que andaba jugando con las tinajas de agua.


Josef, su padre entró corriendo y se disculpó. Salim era muy travieso y cuando tenia sed, solía entrar a la casa de Samira a beber agua y a juguetear con ella. Le encantaban las historias que le contaba Samira de sus viajes en las caravanas y sobre las plantas que cultivaba.
Samira continuo su pequeño ritual, depositó los pequeños vasos sobre la mesa y empezó a servir el té para sus invitados. Se sentía un poco nerviosa, pues sabía que aquel hombre la estaba observando. Era muy descarado y su padre acabaría por darse cuenta.
En cuanto estuvo todo dispuesto, salió rápidamente de la estancia y se quedó escuchando casi sin aliento mientras los hombres hablaban.
Durante la primera media hora, los hombres relataron su viaje por el desierto. El apuesto joven de acento del norte, ponía mucho énfasis en sus historias cuando era su turno para hablar. Samira, lo sentía apasionado y enrojecia al escucharlo hablar.
Después, durante la siguiente media hora, su padre empezó a hablar de los tratos mercantiles y de la posibilidad de un intercambio de especias por plantas de menta de las que cultivaban en el poblado. Tras un pequeño tira y afloja, se llegó a un interesante trato para ambas partes. Entonces, su padre la llamó de nuevo para que volviese a preparar otro té.
Samira, recogió la tetera y los vasos usados, y justo cuando iba a coger el del hombre de ojos claros, esté con una sonrisa en los labios se lo acerco y sus manos torpemente se tocaron. Samira, bajó aturdida la mirada y salió despavorida hacia la cocina. Estaba demasiado nerviosa, tanto, que se olvidó de trocear la menta a la hora de volver a servir de nuevo el té.


Su padre, que hasta el momento había estado callado observando a los dos jóvenes, pidió a Samira que volviese a la cocina a buscar unas hojas frescas de menta, ya que sin ellas, no podría brindar por la nueva propuesta que iba a formular.
Una vez que Samira entró de nuevo en la sala, su padre la invitó a sentarse con ellos junto a la mesa. Entonces, mirándola atentamente le dijo: querida hija, veo como te ruborizas ante la presencia de este joven, lo cual me hace pensar que es de tu agrado. Samira, miró atónita a su padre y bajando la cabeza hizo un ligero movimiento, que dió a entender que así era. Entonces, su padre, miró directo al joven de ojos azules y le dijo: Ben-Ali de las tierras del norte, a pesar de ser extranjero, respetas nuestra cultura y siento que eres un buen hombre. Sé por como miras a mi hija, pues yo soy hombre igual que tú, que tu corazón alberga nobles sentimientos hacia ella, así, que si tu accedes y ella también, para mi sería un honor bendecir vuestro amor.
Ben-Ali miró a Samira y Samira miró a Ben-Ali. Sus miradas atravesaron sus almas y desde ese momento sintieron una unión tan fuerte que ninguna vida podría destruir. Su historia de amor, perduró en los siglos, tanto que si alguna vez vais por el desierto, seguro encontrareis alguna anciana que se acuerde del té con menta de Samira y del amor de Ben-Ali.


Esta pequeña historia que hoy os he relatado, forma parte de una idea surgida entre una parte del grupo de amigas de Lío de fotos. Como ya os he explicado en otros post, todas disfrutamos haciendo fotos y algunas de nosotras tenemos blogs de temáticas diferentes. Hablando un día a Cristi se le ocurrió la idea de que quizás cada una desde su campo y perspectiva, podría escribir sobre un tema en común y compartirlo con las demás.
Así, que aquí estamos, el tema es: la menta. Y esta es la historia que os traigo yo y que comparto en especial con Bego, Cristi y Mariu. No dudéis en descubrir sus historias porque os sorprenderán.







sábado, 1 de junio de 2013

Roma 2

Como os iba diciendo...si hay un lugar en Roma, en el cual puedas rozar la eternidad, no es otro que el Colosseo. Para mi es uno de los bastiones de Roma, por no decir que es el que le da una identidad propia a la ciudad.
Realmente, vale la pena madrugar y esperar allí a que los primeros rayos de luz se cuelen entre su estructura. El silencio que reina en esos momentos en la dormida Roma, te transporta directamente a la magnificencia del pasado, cuando las calles adoquinadas eran transitadas a pie. Es una sensación indescriptible, que se matiza en muchas otras sensaciones, pues realmente es espectacular ver como la sombra de la noche dibuja en las paredes curiosas imágenes alumbradas por la luz solar.
Igualmente, vale la pena entrar en su interior y visitarlo. Si vais en verano...largas colas os echarán para atrás. No lo dudéis, hacerlas, pues van más rápidas de lo que parece. 

No se si os sucede como a mí, pero es pisar Roma y sentir su energía abrazándome desde los pies. Hay algo que verdaderamente la hace mágica...y creo que tiene a ver con el agua. Si, si hay algo que está presente en toda Roma es el agua. A pesar de estar a una larga distancia del mar, tiene un precioso río que la atraviesa y está llena de fuentes a cual más espectacular.
A mi me encanta perderme por sus calles adoquinadas y girar y girar, atravesando plazas, placetas y demás rincones. No he llegado a contar cuantas hay, pero lo que es seguro es que en todas ellas o en alguno de sus rincones hay diferentes fuentes.
La más famosa y visitada es la Fontana di Trevi. Siempre recordaré la primera vez que la vi...era de noche...y al girar por una calle vacía, allí estaba ella, iluminada como en la película de Fellini. Realmente, choca un montón al verla, porque te la encuentras de repente...parece como si fuese imposible que la hubiesen construido ahí. Aunque su belleza es incomparable...a mi me apasiona Bernini con su Fontana dei Quattro Fiumi en la Piazza Navona. Esta fuente representa los grandes ríos del mundo, uno para cada continente. Y aunque solo hay cuatro, representa a los grandes, Asia con su Ganges, África con el Nilo, América con el rio de la Plata y Europa con su Danubio.
Pero lo curioso de todo, es que cuando callejeas encuentras fuentes, que con dificultad aparecen en las guías y que son realmente preciosas, como la Fontana delle Tartarughe, en el ghetto o la Fontana delle Api, en una esquina de la Piazza Barberini.
Y para acabar, no se ni siquiera como se llama, pero está situada justo delante del Panteon. Esta fuente es muy peculiar, porque esta creada alrededor de un obelisco egipcio. Normalmente, cuando llegas a la plaza, puedes ver a la gente, sentada en sus escalones apreciando la grandeza del Panteon...pero, si en lugar de admirar el Panteon, te giras y la volteas, descubrirás que está llena de figuras y pececillos que justo al atardecer contrastan con los antiguos edificios que la rodean.


Sin duda alguna, Roma es una de esas ciudades que nunca te cansas de visitar. Yo pude disfrutarla durante quince días seguidos y fue una experiencia maravillosa. Ya que Roma no es solo una ciudad turística, sino que es una ciudad donde vive gente de a pie. Poder pasear por sus diferentes barrios y sentarse a tomar una birra en alguno de sus bares, evidentemente, no en los de la Piazza Navona, que son para los guiris...sino por el ghetto, monti, trastevere...es descubrir las costumbres o maneras de hacer. Allí descubrí lo que era el apperitivo o lo mejor de todo, que a los italianos les encanta el café bien hecho y se lo toman piccolino, piccolino, de pie en la barra del bar.
Pero, para mi la experiencia más autentica fue la de alejarme de Roma y tener que coger un tren para poder visitar las ruinas de Ostia Antica. Los trenes parecen del medievo y en verano, a parte de que van llenísimos de gente que va a la playa, no tienen aire acondicionado. Así que...si sobrevives a ellos, luego pasearte con la solana por las ruinas de Ostia, es como viajar en el tiempo y transportarte a la época de los cesares.
Ostia Antica, es una antigua ciudad portuaria que está a una media hora en tren de Roma. Realmente, los restos son espectaculares, pues hay muchas casas en buen estado y puedes hacerte una idea general de como se vivía en la época Romana.


Ya que hablamos de paseos...este ha sido mi pequeño paseo por tan grande ciudad. Evidentemente, podría continuar hablando y hablando de ella y de sus increíbles rincones...pero creo que si no habéis estado lo mejor es que vayáis a visitarla. Sin duda alguna mi consejo es que dejéis los ojos del turista ávido de monumentos famosos en casa y la descubráis con la mirada inocente de un niño. Dejaros sorprender por el ambiente popular de sus calles y perderos por ella, siguiendo vuestra intuición en lugar del mapa. Creo que ese es el secreto para poder descubrir su eternidad.
Os dejo con una de mis imágenes preferidas, porque es la de la otra Roma, la del día a día, con sus graffitis y sus gatos, la de esa Roma que tanto nos gusta fotografiar a los turistas.